Fotos y derechos de uso mediante una tarjeta QR: para la fotografía de personas y de viajes
Las personas que posan ante tu cámara reciben sus fotos y deciden sobre su uso; tú obtienes su consentimiento, documentado de forma verificable. El proceso: entregar una tarjeta con código QR, compartir las fotos en una galería protegida y acordar los derechos de uso, en 32 idiomas.
Pruébalo gratis, sin introducir los datos de tu tarjeta de crédito.
«¡Te mando la foto, lo prometo!»
A ella le hizo ilusión, tú ibas en serio. Solo se perdió la dirección.
Ella introduce su correo electrónico. Tú subes las fotos, ella las recoge: la promesa se cumple.
«¿Puedo publicar esto?»
Tienes un retrato impactante, pero no puedes mostrarlo. Sin consentimiento, se queda en el disco duro.
Ella escanea la tarjeta y dice que sí: ya tienes su consentimiento. Por escrito, en su idioma.
«Y entonces él tendrá mi número».
Eso es lo que piensa ella, no tú. Y por eso prefiere decir que no.
Ni número de teléfono ni nombre de usuario. Ella introduce su correo electrónico en Contrima, no te lo da a ti: solo lo recibes si quiere las fotos.
Contrima resuelve los tres con una tarjeta.

01
Preguntas, haces la foto y entregas la tarjeta QR, impresa o desde el móvil, antes o después de la foto. En ella se indica, en el idioma de la persona: escanea el código QR y obtén tus fotos.

02
La persona escanea el código, introduce su correo electrónico y recibe su propia galería. Tú subes las fotos, protegidas y solo para ella.

03
La persona lee en su idioma qué tienes pensado hacer con las imágenes y decide. Tanto si regalas las imágenes como si las vendes o las intercambias por derechos de uso, su consentimiento queda documentado para ambas partes.
Quien fotografía a personas sobre la marcha se encuentra enseguida con algunas preguntas sin resolver: ¿Qué usos están permitidos? ¿Quién puede publicar las imágenes? ¿Cómo llegan las imágenes a la persona fotografiada? ¿Cómo cumplir correctamente las normas?
Contrima está hecho precisamente para eso. En esencia, es una autorización de uso de imagen, pero pensada para encuentros espontáneos. No se trata de contratos con modelos profesionales para producciones publicitarias, campañas o fotografía de stock, sino de autorizar el uso artístico: portafolios, exposiciones, libros, concursos, redes sociales. Todo lo que, al fin y al cabo, es arte. La persona fotografiada no se convierte en modelo, sino que sigue siendo una persona. Y si más adelante cambia de opinión, Contrima documenta la retirada del consentimiento e informa a todas las partes implicadas.
Como plataforma de derechos y confianza, Contrima pone en el centro la conexión entre quienes fotografían y las personas fotografiadas.
«Con Contrima ganan tanto quienes fotografían como las personas fotografiadas, y sin duda aporta más libertad y más diversión a la fotografía».
Crea tu cuenta y tu primera tarjeta en pocos minutos. Sin tarjeta de crédito.